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20 de agosto de 2013

Ángel de la guarda



«Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, ni en la hora de mi muerte, amén». Aunque, oré desde niño y seguí haciéndolo hasta bastante grande, siempre me sentí, profundamente desamparado y olvidado por mi ángel guardián. Hasta que, hoy se me apareció. «¡Dónde has estado en toda mi vida!», le espeté a centímetros de su bellísimo rostro. Él escuchó impávido mi acusación y sin mediar palabra, una respuesta se formó en mi mente, hecha de recuerdos que, creía haber olvidado: como la vez que, a los 3 años, apareció rodando ante mis ojos, mi auto de juguete favorito, en el momento en que me dirigía a meter los dedos al enchufe; o la oportunidad, cuando dispuesto a probar mi valentía, me lancé en patineta desde la cima de una calle empinada y milagrosamente, no choqué contra un auto que apareció en ese instante frente a mí; También, recordé la extraña sensación de profunda alegría al rechazar una invitación, a un special afterhour, de una supuesta "amiga" que conocí en una discoteca  y finalmente me vi a mi mismo, como si fuera una película, esperando que llegaran las personas interesadas en el aviso de venta de mis órganos, y mi ángel de la guarda, apareciendo justo frente a mí. Entonces, volví a ver a través de mis ojos y, a lo lejos divisé un auto acercándose lentamente. Mi ángel inclinó levemente su dulce rostro. Lo tomé como una afirmación a mis pensamientos, y me largué en mi vehículo, lo más rápido que pude.

1 comentario:

elisa lichazul dijo...

los ángeles no nos dejan, somos nosotros los que dejamos de creer de confiar, de percibirles...

abrazos