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26 de marzo de 2008

25/Así fue 93


Subí de sopetón al metro, embutido por la masa humana, cuando te vi a unos centímetros de mi rostro, te pedí disculpas y me guiñaste un ojo dulcemente, entonces, te pregunté tu nombre, un poco incomoda me dijiste que Andrea, y miraste un poco hacia atrás, como señalándome a un señor que extrañamente se parecía a ti, pero antes de bajar me entregaste una tarjeta con tu nombre y tu teléfono. Así fue como conocí a su madre, hijos míos, así que no se quejen tanto por el transantiago, quizás les traiga el amor.

2 comentarios:

Lucy Lanaluén dijo...

ja!!! está bueno!!!
Un abrazote

Lágrima del Guadiana dijo...

Y así debería ser siempre el amor, libre de indecisiones, atrevido, valiente...capaz de olvidarse sistemáticamente la parada...

Me gustó tu relato

Un abrazo