Entradas Recientes

17 de septiembre de 2013

Amor patrio (1812)



"El Gobierno que va a solemnizar el aniversario de su instalación y la feliz reunión de las provincias, el 30 del corriente, espera a Ud. para que lo acompañe por la mañana al Te Deum en la Catedral y a la noche en la Casa de Moneda, donde debe el digno vecindario chileno sensibilizar sus transportes por la libertad de la Patria"

Así rezaba la invitación a celebrar del segundo año de la instauración de la primera junta de gobierno en Chile que Consuelo escuchó leer a su patrón mientras servía el almuerzo. Apenas pudo disimular su emoción. Era la oportunidad de volver a ver a José Miguel, después de haber sufrido tanto cuando lo mandaron a España, ahora podría por fín reencontrarse con él. Además, era el momento de contarle todo lo sucedido en su ausencia. Se puso manos a la obra y se consiguió un vestido con la hija de su patrona, recién llegada de Europa, se robó una invitación y llegó al festejo. Tan bella, angelical y dulce lucía, que nadie la reconoció. La noche avanzaba y aunque José Miguel la miraba de reojo, ella lo castigaba con la indiferencia. No era tonta, sabía que él no la reconoció y se sentía herida. Eran pocas las damas invitadas, así que pronto llegó la oportunidad de bailar con él. Pero, para mala fortuna de Consuelo, bailarían una nueva melodía que José Miguel había aprendido en España con José de San Martín: el "Cuándo". Aunque una pareja bailó primero a modo de ejemplo, ello no hizo más que confundirla. La música comenzó a sonar, pero mientras ella trataba de imitar con torpeza los movimientos de José Miguel, levantó su pierna izquierda y su zapato salió volando, y aterrizó en medio del escote de una furiosa señora. Consuelo cayó de espalda estrepitosamente, quedando su vestido como un paragua al revés. Sólo entonces José Miguel reconoció sus inconfundibles piernas. Pero antes que pudiera hablar con ella, Consuelo huyó avergonzada. Él salió en su persecución, pero era demasiado tarde, ya se había perdido en las oscuras callejuelas colindantes al Palacio de la Moneda y no pudo decirle que lo sabía todo, y que le deseaba lo mejor en su matrimonio.

1 comentario:

Amanda Espejo dijo...

Puchas que eres ingenioso!!!

Me encanta leerte y este relato, pues...me saca una carcajada que ni te cuento!

Muy bueno.